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Conoce cuatro razones que podrían poner en riesgo tu estabilidad laboral si padeces dermatitis atópica

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El contar con un empleo en la vida adulta es fundamental para cubrir necesidades básicas y solventar los gastos personales o de una familia. Sin embargo, cuando las personas padecen enfermedades como la dermatitis atópica (DA) cumplir ese rol se convierte en un desafío pues las enfermedades de la piel son la cuarta causa a nivel mundial de reducción de la calidad de vida por sus consecuencias discapacitantes.

Sin duda, la dermatitis atópica, en sus formas moderada a grave, impacta en los hábitos diarios y actividades sociales de los adultos que la padecen. Aquí te compartimos cuatro maneras en las que puede afectar en tu vida laboral para que puedas anticiparte con el especialista.

Alteración del sueño

Además de la resequedad y las erupciones en la piel, el ciclo de comezón-rascado es el sello distintivo de la DA y es causante de que el 89% de los mexicanos con este padecimiento presenten trastornos del sueño[2]. “El hecho de dormir pocas horas deriva en consecuencias como la falta de atención en juntas laborales y se incrementa el riesgo de equivocaciones, reduciendo la productividad”, comenta la doctora Ana del Carmen García, gerente médico de Inmunología de Sanofi.

Estrés

La comezón excesiva puede generar desesperación y ansiedad que deriva en aumento de irritabilidad, fricciones con los compañeros, incapacidad laboral hasta por 21 días[3] o “presentismo laboral”, que se refiere a que un empleado está cubriendo su puesto de trabajo, pero no es productivo o no logra concentrarse.

Hospitalización

“En casos moderados a graves de DA, la piel supura líquido y sangra cuando se rasca, haciendo a las personas más propensas a infecciones que pueden terminar en hospitalización”, comenta la alergóloga e inmunóloga clínica, Ana del Carmen García.

Si bien los trabajadores tienen derecho a ausentarse del trabajo por razones médicas justificadas, lo cierto es que la DA no se prioriza como un problema de salud pública por lo que algunos trabajos no la perciben como una enfermedad crónica grave a pesar de que alrededor del 10% de la población la padece.[4] Por ello, el faltar a labores por brotes de DA podría ocasionar sentimientos de desilusión al no tener el apoyo patronal que requieren.

Carga económica

Es posible que un paciente con DA moderada a grave deba recurrir a un cambio de profesión o posición laboral para poder apegarse a su tratamiento médico y seguir las rutinas de cuidados especiales. Y es que los costos asociados a la atención de la enfermedad pueden ser tanto directos como indirectos: consultas al dermatólogo o alergólogo, interconsultas para atender otras enfermedades asociadas como el asma o poliposis nasal y visitas a urgencias. Inclusive, si una persona comienza con trastornos como depresión, sus costos de atención pueden incrementar hasta 74%.[5]

Pero estos son solo algunos de los factores que inciden en la vida laboral de las personas con DA. La buena noticia es que ya existen tratamientos biológicos innovadores como dupilumab que permiten que los pacientes con DA moderada a grave, controlen adecuadamente la inflamación y vivan plenamente en las diversas esferas sociales como la laboral. Lo más importante es impulsar la conciencia de la enfermedad por el costo que supone, de tal forma que se pueda hacer un abordaje integral y una detección oportuna en beneficio del paciente, su familia y amigos”, explica la Dra. García.

Redacción
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