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Busca el nuevo reloj cuadrado de Rado

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Es ciertamente una paradoja apasionante que, en su búsqueda del dominio de la dureza de los materiales, Rado haya creado durante toda su existencia relojes con unos diseños tan elegantes y espectaculares. Aunque los diversos materiales han jugado un papel fundamental, el diseño es un elemento que no se ha dejado de lado, banalizado ni olvidado en ningún instante a lo largo de los años.

Cuando se presentó el Rado Anatom en 1983, un reloj impresionante en todos los sentidos (incluido su futurista cristal de zafiro), el mercado ya llevaba un cierto tiempo explorando relojes con formatos poco convencionales, principalmente versiones con formas cuadradas y rectangulares; muchos de ellos eran delicados y femeninos, y estaban ideamos principalmente para lucirlos como artículos de joyería.

La forma rectangular, casi cuadrada, de un antiguo reloj Rado que data de los  años 30 atestigua la labor de investigación de la marca y constituye una señal muy temprana que situaba la innovación y la originalidad en primer plano, incluso décadas antes de la aparición de otros relojes icónicos.

Si saltamos algunos años, comprobamos que la chispa de la creatividad se extendió en numerosas direcciones de forma muy fértil, con creaciones inconfundibles como el atrevido modelo Manhattan rectangular de los años 60, con un diseño resistente al agua gracias a un sistema de sellado patentado, o el uso de una estructura de cola de águila para sujetar en su sitio el cristal de zafiro de la colección Glissière. Esta ingeniosa solución mecánica ya no es necesaria gracias a los modernos adhesivos, que ofrecen una excepcional fiabilidad.

Cuando la extrema dureza del cristal de zafiro sintético comenzó a igualar o incluso sobrepasar la de los metales seleccionados para las cajas de los relojes, se abrió un amplio abanico de fabulosas posibilidades. Ya no era necesario utilizar un armazón o proteger el cristal, ya que había pasado a ser prácticamente indestructible e igual de duro que la caja.

Además, Rado había descubierto que el cristal de zafiro se podía tallar y dar forma con herramientas de diamante, un auténtico hito de la familia Anatom, para conseguir exactamente el resultado deseado.

Comenzaron a aparecer elementos exquisitos, como cristales de una sola pieza (que en ocasiones contaban con varias capas), dando lugar a diseños de relojes espectaculares, únicos y verdaderamente modernos.

Rado posee numerosas patentes asociadas a sus innovaciones en estos campos. La combinación de una caja de acero inoxidable, piezas de metal duro (carburo de tungsteno) ajustes en cola de águila y un cristal de zafiro transformó la búsqueda de la resistencia absoluta a los arañazos en una realidad, tal como quedó reflejado en modelos como el V2200, el Integral y, por supuesto, los de la colección Anatom.

A medida que el Anatom fue evolucionando, centrándose los diseñadores sobre todo en lograr que el nuevo reloj fuese lo más armonioso y “anatómico” posible, su aspecto en conjunto también impulsó que se rebasaran los límites y se tomaran nuevos rumbos. Además del cristal de zafiro convexo o “redondeado”, surgieron nuevas formas fluidas; por ejemplo, para las sujeciones del brazalete y la caja.

Los artistas relojeros de Rado se dieron cuenta de que las nuevas formas anatómicas también conseguían que las líneas visuales entre estos elementos fueran más fluidas.

El Anatom era verdaderamente novedoso y revolucionario, y las marcadas líneas angulares desaparecieron en favor de líneas puras y fluidas que, combinadas con el cristal redondeado, hacían que el concepto “anatómico” oficial adquiriera todo su significado.

La misión de ese concepto se había cumplido y el futurista modelo Anatom había hecho su aparición. El nuevo paradigma redefinió la imagen pública general de la marca para las décadas venideras.

Redacción
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